Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Fijaos en esta roca! Está equilibrada sobre su pedestal. Ya os dije que los trogloditas cortaron su base y por qué lo hicieron. Mas ellos se fueron y la roca sigue aquÃ, esperando que la hagan rodar. Yo la toqué una vez y no me atreveré a hacerlo otra. Un fuerte empujón la pondrÃa en marcha, y, al caer, romperÃa los salientes de esos muros y quedarÃa cerrada para siempre la salida del valle al Desfiladero de la Decepción.
—¡Oh! Cuando hayáis vuelto, vendré aquà sin que lo sepáis, empujaré con todas mis fuerzas, y la roca cerrará para siempre la salida de este valle.
—¡Bess, acepto el reto! Esperad que vuelva con las provisiones y entonces podéis hacer rodar la roca.
—Ha sido una broma —dijo ella con extraña voz—. Quiero que podáis iros siempre que queráis. Marchaos ahora…, este lugar me oprime…
—Ahora me iré… Pero ¿no tenÃais que decirme…?
—SÃ. ¿Vais… a volver?
—Volveré, si vivo.
—Pero… ¿es posible que no volváis?
—Es posible, naturalmente. Mas va a ser muy difÃcil que me maten. Ningún hombre puede tener un caballo más fuerte ni perros más fieles que los mÃos. Además, Bess, tengo mis armas, y las usaré si me obligan. ¡No os apuréis; nada me pasará!