Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Juana tiene ya suficientes sinsabores para que yo los aumente entrando a tiro limpio en el pueblo.
Tan extraña como la serenidad de Lassiter fue la curiosa y escudriñadora mirada con que Venters los contempló; Juana no pudo evitar que su rostro se cubriera de un intenso rubor.
—Bien…, tenéis razón —dijo el recién llegado lentamente—. Me sorprendió un poco, eso es todo.
Juana advirtió en aquel momento una ligera alteración en Venters, mas, a causa de su confusión, no pudo decir en qué consistÃa el cambio. HabÃa tenido el firme propósito de informar al joven de lo sucedido entre ella y Lassiter, porque pensaba proceder lealmente, aunque le costase un gran esfuerzo; pero juzgó en aquel momento, estando los dos hombres presentes, poco a propósito para explicaciones de tal Ãndole.
Venters hablaba pausadamente, con cierta mesura, sin la franqueza que siempre le habÃa caracterizado.