Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Es la primera vez que he estado en el pueblo desde hace muchas semanas —dijo suavemente Lassiter—. Creo que en mucho tiempo no habrá habido un espectáculo como el de hoy. ¡Venters y yo paseándonos por el pueblo! Ha sido muy divertido. No digo que la gente se alegrara mucho de vernos; a mà no se me tiene por aquà en mucha estima y en cuanto a Venters, su aspecto es como vos dijisteis: el de un salvaje. Bueno, pues… hubo algunas carreras antes de que llegáramos a los almacenes. Entonces huyeron todos, excepto unos pocos y asombrados bandidos de Oldring que estaban ante la taberna. Venters entró en los almacenes y en la taberna y, naturalmente, yo con él. No sé lo que me impresionó más, si la actitud de la gente que encontramos o la sangre frÃa de Venters. Juana, creedme, me alegré de haberle acompañado. Lo comprenderéis si os digo que ése es precisamente mi elemento, y hacÃa tiempo que me habÃa alejado de él. No hallamos a Tull en ninguno de esos lugares. Un gentil dijo, al fin, a Venters que lo encontrarÃamos en aquel edificio que hay junto a los almacenes de Parson. Es una especie de punto de reunión y, en efecto, cuando nos asomamos habÃa bastantes hombres. Venters exclamó con voz estentórea: