Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Las meditaciones de Juana fueron interrumpidas por el tintineante ruido de las pisadas de Lassiter. Siempre llevaba espuelas. Siempre se hallaba dispuesto a montar a caballo. Juana salió y lo llamó, entrando juntos en el semioscuro vestÃbulo.
—Creo que aquà estaréis más seguro. El patio está demasiado expuesto —dijo la joven.
—Eso creo yo también —repuso Lassiter—. Además, aquà hay más fresco. El dÃa está bochornoso. Pues… he ido al pueblo con Venters.
—¿Ya? ¿Dónde está él? —preguntó Juana, muy sorprendida.
—En el corral. Blake le ayuda a preparar los burros y las provisiones. Blake es una buena persona.
—¿Encontró Bern a Tull?
—¡Vaya! —contestó Lassiter, y se echó a reÃr.
—¡Contádmelo! ¡Me exasperáis! ¡Sois tan sereno, tan impasible…! ¡Por el amor de Dios, contadme lo que ha pasado!