Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¿Adónde?
—Venters llevó a Camorra al establo. Tiene una herradura estropeada y he de ayudarle a sostener a ese demonio de caballo para ponerle otra.
—Decidle a Bern que venga por el hatillo que le voy a preparar y para… despedimos —dijo Juana secándose las lágrimas.
El resto del dÃa lo pasó la joven haciendo vanos esfuerzos para decidir qué cosas pondrÃa en el hatillo que habÃa prometido a Venters. Era su último trabajo para él, y los regalos que eligiese también serÃan los últimos. De aquà que estuviese eligiendo y, rechazando cosas y más cosas, quedándose muchas veces ensimismada, soñando tristemente.
A la caÃda de la tarde hallábanse ella y Fay sentadas en el patio cuando, de pronto, oyéronse los rápidos y decididos pasos de Venters. Estaba cambiado; vestÃa traje y zapatos nuevos, habÃas afeitado la barba y recortado el pelo. Sin embargo, no era aquél el Venters que ella conocÃ… semanas atrás. Juana le señaló el hatillo preparado y le habló, sin darse cuenta exacta de lo que decÃa. Venters despidióse, la abrazó besándola y se fue.