Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Un tonto que trató de detener a Venters en la pradera, y… pereció… No he visto a ningún otro, y creo que no pasará nada más. Tengo ensillado a Campanilla y voy a seguir a Venters. No temáis, no me mostraré, a no ser que caiga en una emboscada y me necesite. Quiero saber dónde está ese valle de que nos ha hablado y si es un lugar tan seguro como dice. Dijo que nadie podrÃa hallarle allÃ, pero yo todavÃa no conozco ningún lugar al que no me haya sido posible seguir a un hombre. Hacedme el favor, Juana, de permanecer dentro de casa mientras estoy fuera, y cuidad mucho de Fay. ¿Queréis?
—SÃ, sÃ.
—Y otra cosa, Juana —continuó, para detenerse luego durante largo rato—. Si… si cuando vuelva no estáis aquÃ… Si os habéis marchado…, nada temáis… Yo sabré seguir vuestra pista… y encontraros.
—Querido Lassiter, ¿dónde puedo yo marcharme? —preguntó Juana con curiosidad.
—A alguna parte, ¡qué sé yo! Tal vez estéis encerrada en algún viejo granero…, presa en alguna quebrada… o encadenada en una cueva… Milly Erne lo estuvo hasta que cedió a todo. Quizás esta noticia sea nueva para vos… Bueno, si no os encuentro aquÃ, os seguiré, sea dónde fuere.