Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters empezó el relato desde el momento en que mató de un tiro a uno de los bandidos e hirió de otro al jinete Enmascarado de Oldring, y rápida y ávidamente le contó todo lo que sucedió después, sin ocultar siquiera la confesión de amor de Bess ni sus propias emociones.
—Ya lo sabéis todo —dijo al terminar—. Yo la amo, aunque no se lo he dicho. Si se lo dijera, habrÃa de estar dispuesto a casarme con ella inmediatamente y eso no es posible en este paÃs. Tengo miedo de llevarla a cualquier parte; por eso pienso hacerle todo el bien que pueda sin salir de aquÃ.
—Cuanto más tiempo vivo, más extraña encuentro la vida —musitó Lassiter con los ojos bajos—. Recuerdo ahora algo que dijisteis una vez a Juana sobre el influjo de unas manos en su destino. Ahà tenemos esa mano oculta del poder, y la negra de Tull, y la mÃa, que es roja, y la vuestra, que es como si dijésemos neutra, y la manita de esa joven tan desamparada. También existe, Venters, esa otra mano maravillosa y omnipotente, y ésa, ésa es la que guÃa los destinos de Juana Withersteen… Vuestro relato es capaz de aturdir al más inteligente. No podrÃa aconsejaron aunque me lo pidierais. Acaso os pueda ayudar. Veré a Oldring cuando vaya al pueblo y le interrogaré acerca de la muchacha. Conocà al viejo ladrón hace años y seguramente me recordará.