Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Lassiter, si encuentro alguna vez a Oldring lo mataré —gritó Venters con repentino ardor.
—Me parecerÃa absolutamente natural —repuso el jinete.
—Hacedle creer que Bess ha muerto…, como muerta está, en efecto, para él y para la vida que ella llevó.
—Asà lo haré; serenaos ahora. Si habéis de «sacar» vuestras pistolas contra Tull y Oldring, necesitáis mucha serenidad. Aunque creo que lo mejor que podéis hacer es quedaros aquÃ. Bueno, ahora debo irme.
—Lassiter, ¿verdad que no diréis a Juana nada de Bess?
—Nada diré, aunque, bien mirado, no tendrÃa inconveniente en apostar que Juana, pasado el primer furor, pues se pondrÃa muy furiosa, amigo Venters, os tendrÃa sin duda en mejor concepto. Yo, por mi parte, no vacilaré en asegurar que sois todo un hombre.
Hablando asÃ, llegaron a la Roca Movediza, que Lassiter examinó, escuchando las explicaciones de Venters acerca de su origen y objeto. Lassiter apoyó fuertemente la mano en la roca para ver si efectivamente se movÃa.
—¡Por Dios! —gritó Venters—. No lo hagáis. Yo la empujé una vez y aún me dura el susto.