Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja ¡Qué palabras en boca de un hombre agonizante! ¿Por qué no habÃa esperado? ¿Por qué? Aquella mirada no era una súplica de vida, sino el dolor de que no quedara el momento necesario para poder hablar: «Bess fue…». En estas palabras habÃa renovadas torturas para Venters. ¿Qué habÃa sido Bess para Oldring? La interrogación salÃa como un espectro de su tumba y perseguÃale. HabÃa pasado por alto el pretérito de ella, habÃa perdonado, empezó a amar y a olvidar lo otro, y ahora, del misterioso murmullo de un hombre agonizante, surgÃa de nuevo la perversa, desconcertante, celosa incertidumbre. Bess habÃa amado a aquel espléndido gigante, ella misma lo confesó. El alma de Venters convirtióse otra vez en un infierno de celos, y a ellos mezclóse de pronto el disparo que mató a Oldring, y el eco de la detonación le causó una loca, endiablada, odiosa y vengativa alegrÃa. Después recordó el amor que brilló en los ojos de Oldring y el misterio de sus palabras. Asà sufrió el corazón de Venters las alterantes emociones de sus encontrados sentimientos.