Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja En ellas estaba el secreto que había clamado en su conciencia durante el tumulto y la violencia de sus emociones. ¡Qué mirada en un hombre herido en el corazón! No había en ella ni odio, ni ferocidad, ni temor de los hombres ni de la muerte. No fue la mirada de un espíritu apasionado por la impávida enemistad, que daba tiro por tiro, vida por vida, sin merma de fuerza física. Recordándolos claramente para no olvidarlos jamás, Venters vio en los magníficos ojos de Oldring la expresión de una grande y alegre sorpresa… de amor. Luego la sombra, y el terrible y sobrehumano esfuerzo del espíritu por hablar. Oldring, herido en el corazón, había luchado con la muerte para retrasarla un momento, no para disparar, a su vez, o para maldecir a su enemigo, sino para murmurar palabras extrañas.