Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Después de un año de sufrimientos y sinsabores había llegado la crisis y el punto culminante en la lucha de su vida. Se levantó a la hora gris del alba casi descorazonado pero triunfante sobre sus malas pasiones. No podía cambiar el pasado y, aunque no hubiese querido a Bess con toda su alma, estaba dispuesto a no cambiar en nada lo que había proyectado respecto a ella. Sólo una cosa necesitaba saber en definitiva: la verdad, fuese cual fuese, porque era preciso acabar de una vez con todas las dudas y recelos. Sabía ya exactamente a qué atenerse respecto a las relaciones entre ella y Oldring, pero quería oírlo de boca de Bess, y luego, olvidar para siempre tan triste pasado. Una vez fuera del Estado de Utah, la joven también lo olvidaría todo y sería feliz en un nuevo ambiente.
Durante todo el día avanzó con lentitud por el Desfiladero, tomándose el tiempo necesario para escrutar siempre los parajes antes de aventurarse en ellos. Procuraba que el burro pisara sólo terreno rocoso o dónde hubiese hierba alta, y se volvía con frecuencia para cerciorarse de que no le perseguían. Ya de noche, llegó a la hondonada y allí dio libertad al burro; subió la cuesta, alcanzó los cedros y continuó subiendo por el rocoso terreno hasta llegar a los peldaños. Escaló éstos con un último esfuerzo, se dejó caer sobre el suelo de la cueva que formaba el comienzo de la garganta, y se durmió…