Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Imposible me parece que hombres como Lassiter y como vos no tengan hogar, ni comodidades, ni descanso, ni lugar dónde vivir tranquilamente! ¡Paciencia! ¿Qué le vamos a hacer? Tal vez el enojo de Tull se calme y con el tiempo mejoren las circunstancias. Quizá vos prestéis algún servicio señalado a nuestro pueblo… ¿quién sabe? Supongamos que descubrÃs la ignorada madriguera de Oldring y su banda, revelando el sitio a mis jinetes. Eso echarÃa por tierra las estúpidas insinuaciones de Tull y os colmarÃa de favores. Durante muchos años mis jinetes han tratado de seguir la pista del ganado robado. Sabéis tan bien como yo lo caras que hemos tenido que pagar nuestras haciendas en esta selvática región. Oldring se lleva nuestro ganado cuando le place, lo mete en esa red intrincada de misteriosos cañones y, no se sabe en qué parte del Norte o del Este, vuelve a sacarlo para llevarlo a los mercados de Utah. Si insistÃs en recorrer el Desfiladero de la Decepción podéis intentar hallar la pista.
—Hace tiempo que se me ha ocurrido lo mismo, Juana, y voy a probar fortuna.
—Ahora debo irme. Y lo siento, porque de ahora en adelante nunca sabré con seguridad si os volveré a ver. ¿Os veré mañana, Bern?
—Mañana sÃ, pues pienso aguardar a Lassiter y vendré con él.
—Buenas noches, Bern.