Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¿La verdad sobre mÃ? —preguntó Bess tÃmidamente. Y sus ojos tenÃan tal mirada de introspección y perplejidad que Venters sintió remordimiento.
—SÃ…, la verdad…, Bess; no lo tomes en mal sentido. Yo no he cambiado, sigo queriéndote y después te querré más aún. La vida será bella para ti, seremos felices…; nos casaremos tan pronto como salgamos de este sitio. Pero… hay en mà un demonio…, algo perverso que no logro dominar. Durante largo tiempo ha dormido, mas ahora no me deja en paz. Sabiendo la verdad, acabaré con él.
—Te diré todo lo que quieras saber —repuso ella con franqueza.
—Entonces… ¡acabemos de una vez! Bess…, ¿te amaba Oldring?
—¡Ya lo creo!
—Y tú…, ¿le querÃas?
—¡Naturalmente! Ya te lo dije.