Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Que cejo en mi propósito. Ahora veo las cosas de distinto modo. De nada le servirÃa ya a la pobre Milly. Estoy por encima de la venganza. Veo que no puedo erigirme en juez de mis semejantes. No puedo matar a un hombre tan sólo porque le odio. El odio para mà ya no es lo mismo desde que llegué a amaros a vos y a Fay.
—Lassiter, ¿queréis decir que ya no lo mataréis?
—No.
—¿Por m�
—Creo que sÃ. No comprendo vuestros sentimientos, pero los respeto.
—¿Porque… porque me amáis?… ¡Dieciocho años…! Y ahora… porque me amáis.
—Eso es, Juana.