Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Un velo de niebla oscureció la penetrante mirada con que ella contemplaba invariablemente la roja ladera y la tenue línea de los cañones en lontananza. Disipóse el velo como habíanse disipado las nubes de humo, y el crepúsculo invadió el valle con sus vagas sombras. A poco llegó la noche, rápida como los raudos corceles, y empezaron a brillar las estrellas en el firmamento. La amplia ladera se iluminó con la plateada luz de la luna, pareciendo la pradera más selvática y solitaria que nunca. Así avanzaron las horas de la noche, y Juana Withersteen continuó cabalgando, sin mirar nunca atrás.