Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡No miréis atrás! —dijo éste, y también su voz sonaba de un modo extraño. Contemplando fijamente las ondulaciones de la pradera que tenÃa delante, Juana extendió su mano enguantada y sintió que la estrechaba otra, fuerte. AsÃ, cogida de la mano, continuó cabalgando, sin volverse siquiera una vez para ver el hermoso bosque de Cottonwoods. ParecÃa no pensar en el pasado, en lo que dejaba para siempre, sino tan sólo en el color y el misterio de la pradera que descendÃa hasta el Desfiladero de la Decepción, y en el porvenir, vio como las sombras se alargaban en la pendiente, sintió el fresco viento del Oeste que la empujaba y maravillóse al ver las amarillentas y bajas nubes que cruzaban rápidamente sobre ellos.
—¡No miréis atrás! —repitió Lassiter.
El viento traÃa grandes y espesas nubes de humo, y con ellas se percibió un fuerte y acre olor a madera quemada.
¡Lassiter habÃa incendiado la mansión de los Withersteen! Sin embargo, Juana no volvió la cabeza.