Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters comprendió la necesidad de abandonar de momento su trabajo para calmar a su amada. Había estado aislada toda su vida, pero llevaba en sí la esencia de lo eternamente femenino.
—¡Entonces, ha habido realmente una mujer y me has mentido! —siguió diciendo la muchacha cuando Venters terminó la explicación.
—¿Y qué importa? Mira, Bess, me voy a enfadar contigo. Tú has estado encerrada toda la vida, pero me atrevo a afirmar que si hubieses vivido en el mundo, hubieras tenido lo menos una docena de novios y habrías dicho muchas mentiras.
—Nada de eso —declaró Bess, muy indignada.
—Bueno… Tal vez no habrías mentido, pero si hubieras tenido novios. Eso es inevitable siendo tan bonita. El oportuno piropo puso fin al enfado de Bess, y los dos enamorados continuaron su tarea de escoger lo que iban a llevarse y de guardar en la cueva lo que habían de dejar.