Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters cerró la cueva con espeso ramaje de sauces y tiemblos a fin de que ningún animal pudiera entrar y comerse los sacos de trigo. Realizaba además aquel trabajo con la previsión que le caracterizaba. Era posible que no pudieran salir de Utah y que tuviesen que volver al valle… Por Bess veÃase obligado a intentar la salida, y en el caso de que fuese necesario regresar, querÃa hallar intactas las excelentes provisiones que llevó al valle. Todos los utensilios y herramientas los guardó en otra cueva.
—Bess, disponemos de tantas cosas, que podrÃamos vivir aquà toda la vida —dijo él cuando ya casi estaba hecho todo el trabajo.
—¿Quieres que vaya a hacer rodar la Roca Movediza? —preguntó ella de un modo indiferente, pero con vivo fuego en los ojos.
—¡No, no!
—¡Ah, tú no puedes olvidar el oro y el mundo! —observó Bess suspirando.
—Y tú, niña, te olvidas de los preciosos vestidos, de los viajes…
—¡Oh, sÃ, quiero irme! Pero… también me gustarÃa quedarme.
—A mà me pasa lo mismo.