Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Sacaron a los ocho becerros de la empalizada y los pusieron en libertad. De los burros que Venters trajera de Cottonwoods sólo eligieron dos, dejando los otros sueltos por el valle.
Asimismo dio Bess libertad a todos sus animales favoritos: la codorniz, los conejillos y el zorro.
El último crepúsculo y la última noche fueron para ellos los más tristes y a la vez los más dulces de todos los que pasaron en el Valle de la Sorpresa. El alba de la mañana siguiente trajo consigo inusitada alegrÃa y movimiento. Cuando Venters hubo ensillado los dos burros colocado las dos alforjas, sin olvidar dos grandes recipientes de agua, el sol dispersaba las últimas sombras del valle. Pusiéronse en camino, volviendo, sin embargo, constantemente la vista. Nunca les habÃa parecido la subida: desde la terraza hasta el puente tan larga y penosa.
Al llegar a la entrada de la garganta detuviéronse para descansar un momento y contemplar por última vez el valle, hermoso como nunca a la matutina luz del sol.
—¡Qué tristeza da alejarse de este paraÃso! —dijo Bess, con un sollozo en la voz y lágrimas en los ojos.
—¡Calla! No llores. Nuestro valle ha servido para prepararnos una vida más digna en otros lugares. ¡Sigamos!