Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Venters —dijo Lassiter después, soltando la brida de su caballo—, hablemos un poco antes de ir allá abajo. Yo no tengo ninguna prisa… ¡MagnÃficos perros los vuestros! —Contempló también un momento la montura de Venters, pero no expresó su opinión—. ¿Y qué? ¿Hubo algo de particular anoche, después de marcharme?
Venters le contó lo que habÃa observado de los bandidos.
—Pues yo estaba cómodamente echado entre unas matas de la pradera —replicó Lassiter— y no oà ni vi nada. Creo que Oldring debe de ser el amo por aquÃ. No es nada nuevo, en el norte de Utah, que sepa escabullirse por los cañones sin dejar rastro alguno… —Lassiter guardó un momento de silencio—. Oldring y yo —añadió en seguida— nos conocimos hace algunos años, cuando él llevaba el ganado al Vado de Bostil, cerca de la desembocadura del rÃo Virgen. Pero allà tuyo no sé qué dificultades y ahora lleva el ganado a un mercado distinto.
—¿De modo que le conocéis? Decidme: ¿es gentil o mormón?
—No lo sé. He conocido mormones que pretendÃan pasar por gentiles.
—Ningún mormón hace eso, como no sea un cuatrero —declaró Venters.
—Tal vez.