Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Antes no quise deciros por qué ataqué a esos hombres. No me atrevÃ. TemÃa que os murierais de la impresión. Pero ahora os lo revelaré si me prometéis armaros de valor.
—Continuad, amigo mÃo.
—Tengo en mi poder a la pequeña Fay. Está herida, pero vivirá.
Al oÃr aquellas palabras pronunciadas por Lassiter con vibrante y profunda voz, la insensibilidad de Juana desapareció, convirtiéndose en una viva y cruel angustia.
—¡Aquà está! —añadió él mostrándole el sitio dónde Fay yacÃa entre la hierba.
Incapaz de hablar, Juana se dejó caer de rodillas. Por la hermosa cabellera rubia reconoció a la amada niña. Mas su hermosura habÃa desaparecido. Su rostro estaba demacrado, marchito, pero vivÃa, y Juana reunió sus fuerzas y sintió el latido de la vida.