Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Mi idea era hacerlo…, pero ahora no me atrevo. Ahà detrás… está el valle de Venters. Allà podrÃamos vivir…, pero… si empujo la roca… nos encerrarÃamos para toda la vida. No me atrevo… por vos…
—¡Lassiter! —exclamó ella—. ¡Empujadla!
Lassiter se levantó vacilante, pero decidido, y de nuevo contempló otra vez la cuesta. Tull seguÃa subiendo. Se figuraba ver su oscuro e inexorable rostro. Detrás de él ascendÃan sus hombres. ¿Qué valÃan todos ellos comparados con Fay… con Lassiter…, con ella misma?
—¡Empuja la roca! ¡Lassiter, te amo!
A pesar de su mortal palidez, de la sangre que fluÃa por sus heridas, transformóse Lassiter. Colocó ambas manos sobre la roca, apoyó también el hombro y empujó con todas sus fuerzas.
—¡Empuja la roca!… —repetÃa Juana.