Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja El jinete se levantó tambaleándose y se dirigió a una enorme roca que descansaba sobre un bajo pedestal. Puso la mano sobre ella, la mano atravesada por un balazo, y Juana vio gotear la sangre. Después vio caer a Lassiter.
—¡Juana…, no puedo…! —murmuró.
—¿Qué?
—Hacer rodar este peñasco… Siempre… me ha gustado hacer rodar las peñas… Y ahora, ¡no puedo…, no puedo…!
—¿Para qué? Habláis dé un modo extraño. ¿Para qué queréis derrumbar esta roca?
—Mi idea fue…, traeros aquÃ…, echar a rodar esta piedra… ¡Fijaos! RomperÃa los salientes, las paredes, cerrarÃa este paso…
Cuando Juana dirigió la vista por la larga cuesta, con sus muros ruinosos, llenos de quebrados salientes, aguardando sólo un ligero impulso para derrumbarse, vio a Tull en el fondo, empezando a subir… SeguÃale un jinete; luego, otro…, y otro…
—¡Mirad, Tull y sus jinetes! —exclamó Juana.
—SÃ, ahora nos cogerán.
—¿Por qué? ¿No tenéis fuerzas para derrumbar el peñasco?
—No es eso, Juana…, no tengo valor…
—¡Vos…, Lassiter!