Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Largo rato estuvo Lassiter sumido en el silencio.
—¡El nombre del mormón! —exclamó por fin, con ronco acento.
—No tengo la más remota idea de quién puede ser —repuso Venters—, ni tampoco lo sabe ninguno de los gentiles que hay en Cottonwoods.
—¿Lo sabe Juana Withersteen?
—SÃ, pero ni con unas tenazas candentes le arrancarÃais el secreto.