Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Al terminar la pendiente, y muy cerca del tercero y mayor de los lagos, estaban los corrales del Rancho, un granero de piedra, varios cobertizos y tres gallineros. OÃase piafar de caballos y rebuznos de burros, y cuando los dos hombres penetraron en el enorme espacio de los corrales aumentó el ruido en su derredor. Esa especie de bienvenida no fue, sin embargo, secundada por los varios hombres y muchachos que habÃa en aquel recinto, pues desaparecieron todos tan pronto como Lassiter y Venters entraron. Al dirigirse los dos jinetes hacia la parte dónde estaba la casa apareció Juana llevando un caballo de la brida. Vestida con una blusa y una falda de montar, perdÃa algo de su forma de Juno, pareciendo más bien una Inda amazona que la grave dueña de Withersteen. Acercóse sonriente y alegre, y su saludo fue muy cordial.
—¡Buenas noticias! —dijo después—. He estado en el pueblo; nada ocurre allÃ. Yo me figuré…, no sé lo que me figuré; pero, en fin, no se ve agitación, y Tull se ha ido a Glaze.
—¿Qué Tull se ha ido? —preguntó asombrado Venters.
Al joven le extrañó sobremanera que Tull se hubiese marchado y trataba de discernir la causa. ¿QuerrÃa evitar otro encuentro con Lassiter? ¿Acaso tenÃa relación su partida con la llegada de Oldring y su banda?