Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —Ven…, ven… —llamó Juana alargando la mano—. ¡Cómo, Campanilla, Camorra! ¿Qué modales son ésos? ¡Ven, Estrella Negra…; ven, Africano! ¡Éstos son mis invencibles corceles de la pradera!
Se acercaron sólo dos de ellos, los que Juana llamó Estrella Negra y Africano. Venters no podÃa menos de demostrar la admiración que le causaban. El pelaje del primero era de un negro brillante, mientras que el del segundo era de un negro suave, apagado. Ambos eran altos, de ancho pecho y cuerpo largo, con esbeltos y fuertes remos. Que los dos eran favoritos de una mujer lo revelaba la limpieza de su piel, la finura de las crines.
—¡Nunca vi caballos semejantes! —encomió Lassiter—, y eso que he visto muchos. Señora, si quisierais hacer una larga y rápida caminata a través de la pradera…, por ejemplo, para fugaros…
Lassiter no terminó la frase, pero el tono de su voz era muy significativo. Juana se ruborizó y arqueó las cejas.