Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja —¡Cuidado, Lassiter, que puedo tomar eso como una proposición! —replicó ella alegremente—. Es peligroso proponer la fuga a una mujer mormona. Bueno, pero yo os estaba esperando porque ahora serÃa un momento excelente para visitar la tumba de Milly Erne. Los jinetes de la guardia de dÃa se han ido ya, y los de la noche aún no han llegado. Y ¿qué os parece, Bern? ¿No es raro? Ya sabéis que tienen la intención de crearme dificultades.
—No, no lo encuentro raro, a pesar de no ser costumbre que los jinetes de la guardia nocturna regresen tan tarde —repuso Venters lentamente mirando a Lassiter—. Aunque el ganado suele permanecer muy quieto al amanecer, casos ha habido en que un coyote espantó a un hatajo.
—No quiero pensaren nada malo.
—¡Vamos! —dijo Juana.