Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Juana tocó a Venters en el brazo y se fue con él al sitio dónde habÃan dejado los caballos.
—¡Bern! —exclamó Juana cuando se hubiera alejado lo suficiente—. ¡Figuraos que Lassiter fuese el marido de Milly, el padre de aquella niña que se perdió hace tantos años!
—Bien pudiera ser, Juana. Cabalguemos. Si Lassiter quiere vernos otra vez, ya sabrá alcanzarnos.
Montaron y se dirigieron al camino del ganado, empezando a subir la cuesta. Desde lo alto de su montura miró Ventees hacia atrás. No vio a Lassiter, pero su mirada descubrió a lo lejos, en la pradera, una nube de polvo que se aproximaba.
—¡Caramba, un jinete!
—SÃ, ya lo veo —contestó Juana.
—Ese hombre avanza a uña de caballo. Algo grave ocurre.
—¡Oh, sÃ! También yo lo temo…
¡Cómo corre!
El caballo desapareció entre la artemisa, pero la nube de polvo seguÃa la huella de su avance.
—Ha ido por el atajo directamente hacia el corral.