Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters lo ensilló y le hizo trasponer el bosquecillo de robles; después lo monto y dirigióse cañón arriba, seguido de Ring y Blanca. En el fondo de la cañada había un antiguo sendero invadido por la hierba, que bordeaba un cauce de poca profundidad y con una exigua corriente de agua. El cañón tenía en aquel lugar unos veinte metros de ancho, y las paredes, de piedra amarillenta, caían a plomo. Abundaba por todas partes la artemisa roja, y en algunos sitios veíanse robles y pinos piñoneros. Durante unas cinco millas, el cañón era casi recto; pero luego las paredes roqueñas ganaban en altura, y el suelo iba estando cada vez más profundo. Venters no había explorado nunca la parte de cañón a que daba paso aquel abrupto cambio en la configuración de la cañada, mas creía que allí estaba realmente la puerta de la intrincada red de cañones del Desfiladero de la Decepción.