Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Obligó a Camorra a ir al paso, deteniéndolo de vez en cuando para escuchar; luego proseguía la marcha cautelosamente. El cañón adquiría menor anchura que al comienzo. Venters, incansable, continuo cabalgando, sin que el interés que en él despertaba aquel agreste y enorme desfiladero le hiciera olvidar la vigilante precaución. No hallo rastro de sendero ni vio ninguna señal que indicara el paso de hombres por aquellos lugares. Atravesó campos de artemisa, bosquecillos de pinos, calveros de suave césped en los que florecían purpúreos lirios de largos pétalos; cruzo una estrecha garganta en la que las paredes del cañón casi se juntaban, llegando por fin a una especie de enorme anfiteatro en algunas de cuyas partes veíanse las altísimas escarpaduras de otros cañones que lo atravesaban.