Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters se apeó del caballo y, entregando la brida a Ring, para que la sostuviera, empezó a buscar la grieta por la cual corría el riachuelo. No logró dar con ella y supuso que el agua desaparecía en un pasaje subterráneo. Volvió al lugar dónde había dejado a Camorra y sacó el caballo del peñascal, llevándolo a la pradera. Desde ésta le costó poco alcanzar la parte dónde empezaban las cañadas. No había motivo para dar preferencia a ninguna. El cañón en que penetró era una garganta cortada a pico, de piedra amarilla, y de unos trescientos metros de profundidad; en la parte baja de las paredes roqueñas había maravillosos huecos a modo de cuevas, y arriba, salientes en forma de torreones y rampas. Más adelante llegó Venters a una parte del cañón en que las paredes quedaban de vez en cuando interrumpidas por profundas mellas en forma de triangulares y enormes callejones sin salida, dónde crecían árboles, arbustos y hierbas en abundancia.