Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja Venters penetró en una de estas grandes incisiones de la roca y, como había supuesto, encontró en el suelo finísimo césped. Vióse obligado a apartar las ramas de los robles para que su caballo pudiera pasar. Llegó hasta el fondo de la mella y halló un manantial entre un grupo de abetos. Parecióle el escondrijo un sitio muy a propósito para dejar allí el caballo y usarlo, además, como campamento, desde el cual podría hacer frecuentes excursiones a pie. La espesa hierba ocultaría sus huellas, el bosquecillo de robles a la entrada serviría de barrera para retener a Camorra, si la abundancia de hierba y el manantial no le bastaban para permanecer en aquel lugar. Venters dejó, pues, a Blanca con el caballo y, rifle en mano, se marchó otra vez al cañón principal acompañado de Ring.
Como un piel roja se deslizó por entre las artemisas que crecían en el centro de la cañada. De vez en cuando deteníase para escuchar, pero sólo el zumbido de los insectos quebraba la calma del mediodía. Por fin llegó a una revuelta del cañón, más abrupta que las anteriores, y, desanimado y cansado, la traspuso, deteniéndose lleno de asombro una vez más.