Los Jinetes de la Pradera Roja
Los Jinetes de la Pradera Roja A pesar de su curiosidad, del fuerte interés que sentÃa, no estaba preparado para la sorpresa que experimentó al contemplar la esbelta figura que yacÃa en el suelo. Llevaba el bandido la negra máscara que le diera nombre y fama criminal; sin embargo, no llevaba armas. Venters examinó el caballo, que se hallaba cerca; en la silla no habÃa tampoco ningún arma.
—¡Un bandido que no lleva armas! —murmuró Venters—. No tiene cinto… no podrÃa sostener pistolas en esa correa… ¡Qué extraño!
Un suspiro del bandido y una extraña sacudida de su cuerpo demostraron claramente a Venters que su vÃctima vivÃa aún.
—¡Vive!… ¡He de verlo morir! ¡He disparado sobre un hombre indefenso!
Con cierta repugnancia le quitó al bandido el ancho sombrero, y luego la máscara negra, vio que su pelo era de un color castaño claro, con tendencia a rizarse, y el rostro, blanco y juvenil.
—¡Si es un muchacho! ¿Cómo?… ¿Es posible que éste sea el jinete Enmascarado de Oldring?