RÃo perdido
RÃo perdido —¡Eh! ¡Los de arriba!
—Buenos dÃas, Bill —exclamó Nevada con voz estentórea, y cogiendo el rifle, se inclinó sobre el borde.
—¿TodavÃa están ahÃ?
—¡Vaya! Precisamente nos disponÃamos a comenzar de verdad la espera.
—¡Maldición! Estamos muertos de hambre. ¿Cuáles son sus condiciones?
—No hay condiciones, Bill. Salgan ustedes de uno en uno, y tiren sus armas a cinco o seis metros.
—¿Prometen no disparar sobre nosotros?, continuó la voz.
—SÃ, señor, a no ser que empleen algún ardid —repuso Nevada con voz firme.
—Está bien… ¿Tienen algo de comer?
—¡Ya lo creo! Tenemos bistec de venado, café puro con leche y azúcar, patatas adobadas, torta de manzana y…
—¡Cállese, embustero! —exclamó Hall, más ronco que nunca—. Nos rendimos y vamos a salir.