Río perdido
Río perdido Almorzó a solas con su madre, Katie había ido con su padre a Hammell. La joven esforzóse en ser agradable y simpática con su madre y supo conquistarla en cierto modo. Habíase dado pronto cuenta de que no hallaría ningún obstáculo en su camino si se dejaba guiar por los deseos y caprichos de su familia. La señora Blaine parecía muy preocupada con los innumerables deberes que incumben a la mujer de un ranchero, siendo así que por su nueva posición no le correspondía cumplirlos. Durante treinta años había sido esclava de su trabajo, desde la mañana hasta la noche, cediendo a la imperativa necesidad de hacer economías. Ahora ocupaba una posición en la que le estaba vedado pensar siquiera en tales deberes, a pesar de que ejecutarlos era para ella una rutina imprescindible. Júrale imposible olvidarlos y su malestar tenía por causa su aturdimiento, pues en el fondo era una mujer infeliz por el cambio de las circunstancias en su familia, desdicha de la cual no se daba cuenta. Hubiera sido en ella lógica hablar con naturalidad con Ina acerca del pasado, sobre las duras pruebas y momentos de alegría porque pasaron, sobre las tareas caseras que antes tenían, sobre vecinos tan pobres como ellos en aquel tiempo y sobre muchas otras cosas de esta índole. Mas viéndose precisada a hablar de los asuntos tocantes a su nuevo modo de vivir, su conversación no era natural. Ina tuvo la impresión de que su madre era una persona muy afecta da, pero recordando al mismo tiempo la dura labor y las interminables quejas de otros tiempos, se dijo que era preferible su afectación.