Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —Señor Quatermain —comenzó el primero— voy a contar a usted una historia y pedirle sus consejos, o quizá su ayuda. El agente que me envió su citada carta me decÃa que yo podÃa confiar completamente en usted, pues usted era, tales son sus palabras, muy conocido y universalmente respetado en Natal distinguiéndose, sobre todo, por su discreción.
Hice un saludo y bebà un poco de whisky y agua para ocultar mi turbación, pues siempre he sido modesto, y sir Enrique, continuó:
—El señor Neville era mi hermano.
—¡Oh! —exclamé involuntariamente, porque en aquel instante acerté con la persona que me habÃa hecho recordar, cuando por primera vez le vi. Su hermano era mucho más pequeño y de barba obscura, pero al pensar en él, recordaba que sus ojos tenÃan el mismo tinte gris y la misma penetrante mirada, y que sus facciones además, presentaban cierta semejanza.