Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —¡Hi! ¡hi! hombres blancos —profirió Gagaula al iluminarlo los rayos de su lámpara. ¿No os dije que el hombre blanco que estuvo aquí, huyó apresuradamente, tirando al suelo el saco de la mujer? Pues bien ¡vedlo ahí!
Good se inclinó al suelo y lo levantó. Era pesado, y al moverlo su contenido retiñó por largo tiempo.
—¡Cuerpo de Dios! creo que está repleto de diamantes —murmuré balbuciente y, en efecto, la idea de un pellejo de cabrito lleno de diamantes es suficiente para quitar el habla a cualquiera.
—Adelante —dijo sir Enrique con impaciencia. Dame tú la lámpara, y, quitándosela a Gagaula, cruzó el umbral.
Nosotros le seguimos, abandonando el saco de diamantes y nos encontramos en la cámara del tesoro de Salomón.