Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón Hace algunos correos escribí a usted unas líneas manifestándole que los tres, Jorge, Good y yo habíamos llegado sin novedad a Inglaterra. Dejamos el vapor en Southampton y enseguida nos dirigimos a la ciudad. Quisiera que hubiese visto a Good al siguiente día perfectamente afeitado, con una levita que le vestía como un guante, nuevo lente, etc., etc. Fui con él a un paseo en donde me encontré con varios conocidos y a raíz de presentarlo, hice la historia de sus «hermosas piernas blancas».
Está furioso, sobre todo desde que un mal intencionado lo ha publicado en uno de los periódicos de la localidad.
Pasando a los diamantes, le diré que Good y yo los llevamos a Streeter para que valuase, y en realidad no me atrevo a manifestarle el precio en que los tasaron, es una suma enorme. Afirman que su cálculo es más o menos aproximado, pues nunca han visto en el mercado piedras como éstas ni en tanto número. Parece que son, exceptuando una o dos de las mayores, de magnificas aguas y tan buenas como las mejores del Brasil. Les pregunté si querían comprarlas, y me contestaron que no tenían capital para hacerlo, aconsejándonos que las fuéramos vendiendo poco a poco, porque de lo contrario inundaríamos la plaza y bajarían sus precios. Sin embargo ofrecen cineto ochenta mil por una pequeña porción de ellas.