Las Minas del Rey salomón
Las Minas del Rey salomón —El desierto es muy vasto y no hay agua en él, las montañas son altas, la nieve las cubre y ningún hombre puede decir qué es lo que se encuentra más allá de ellas, detrás del sitio donde el sol se oculta. ¿Cómo llegarás hasta allÃ, Incubu, y por qué caminas hacia allá?
Volvà a traducir, y sir Enrique contestó:
—DÃgale que creo que un hombre de mi sangre, mi hermano, ha ido a ese lugar no ha mucho tiempo, y voy a buscarle.
—En efecto asà es, Incubu; un hombre que encontré en el camino me dijo que hacÃa dos años, un blanco habÃa entrado en el desierto caminando hacia esas montañas acompañado de criado, un cazador, y que jamás han regresado.
—¿Cómo sabes que era mi hermano?
—No, yo no lo sé. Pero el hombre, al preguntarle las señas de aquel blanco, me contestó tenÃa tus mismos ojos y una barba negra. Añadió, además, que le acompañaba un cazador bechuano llamado Jim, el cual iba vestido.
—No hay ya duda —dije yo—. Jim no me mintió.