Democracia - El dios que fracasó
Democracia - El dios que fracasó Cuando el aparato estatal es controlado como propiedad privada —como ocurrÃa en las monarquÃas hereditarias—, quien gobierna tiene incentivos claros para preservar el valor del “capital estatal†a lo largo del tiempo. El monarca actúa como un dueño: administra recursos, impone impuestos con moderación y evita guerras innecesarias que puedan dañar su territorio, porque lo considera suyo y planea heredarlo a sus descendientes. Existe una conexión directa entre poder y responsabilidad intergeneracional.
Este principio de gobierno “propietario†introduce una lógica económica racional: no destruir lo que puede generar renta futura, no sobreexplotar lo que será necesario mañana. Incluso si el monarca se equivoca, el daño está limitado por su interés patrimonial. El resultado es una mayor estabilidad, menor presión fiscal, menor gasto público y una polÃtica exterior más prudente.
