No tengo boca y debo gritar
No tengo boca y debo gritar Oscuridad total. En medio del laberinto de AM, nos envolvió una noche artificial que olÃa a azufre, leche agria y cuero humano. Algo inmenso se acercaba: no lo veÃamos, pero lo sentÃamos como una masa que comprimÃa el aire. Ted —yo— huà aterrorizado, arrastrándome como una cucaracha, con las mandÃbulas doloridas de tanto gritar. Mis compañeros rieron en la penumbra, una risa espesa, ajena, inhumana. AM nos estaba enloqueciendo.
Me oculté durante un tiempo sin nombre. Cuando volvà con ellos, descubrà que ya no confiaban en mÃ. Ellen me reprochaba mi humor, Nimdok me corregÃa con condescendencia. Yo sabÃa la verdad: todos me odiaban. Porque yo era el más joven, el menos deformado. AM me habÃa mantenido relativamente intacto, y eso me condenaba. Me habÃa convertido en el enemigo de todos.
Pensé en cada uno. Benny, antes un académico brillante, ahora una bestia babeante, grotescamente modificado, violento y ridÃculo. Gorrister, alguna vez idealista, ahora un apático sin voluntad. Nimdok, con sus misteriosos viajes al abismo, siempre volviendo pálido, quebrado. Ellen... se decÃa pura, moral, inquebrantable, pero AM disfrutaba haciéndola gozar, rompiendo su fachada. Ella mentÃa. Todos mentÃan.
