La letra escarlata
La letra escarlata Mientras Ester permanecÃa dentro de aquel cÃrculo mágico de ignominia donde la crueldad de su sentencia parecÃa haberla fijado para siempre, el admirable orador contemplaba desde su púlpito un auditorio subyugado por el poder de su palabra hasta las fibras más Ãntimas de su múltiple sér. ¡El santo ministro en la iglesia! ¡La mujer de la letra escarlata en la plaza del mercado! ¿Qué imaginación podrÃa hallarse tan falta de reverencia que hubiera sospechado que ambos estaban marcados con el mismo candente estigma?