La Odisea

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91 Así dijo; y al punto llegó la Aurora de áureo trono. Odiseo oyó las voces que Penelopea daba en su llanto, meditó luego y le pareció como si la tuviese junto a su cabeza por haberle reconocido. Al punto recogió el manto y las pieles en que estaba echado y lo puso todo en una silla del palacio, sacó fuera la piel de buey y, alzando las manos, dirigió a Zeus esta súplica:

98 —¡Padre Zeus! Si vosotros los dioses me habéis traído de buen grado, por tierra y por mar, a mi patrio suelo, después de enviarme multitud de infortunios, haz que diga algún presagio cualquiera de los que en el interior despiertan y muéstrese en el exterior otro prodigio tuyo.

102 Así dijo rogando. Oyóle el próvido Zeus y en el acto mandó un trueno desde el resplandeciente Olimpo, desde lo alto de las nubes, que le causó a Odiseo profunda alegría.

105 El presagio dióselo en la casa una mujer que molía el grano cerca de él, donde estaban las muelas del pastor de hombres. Doce eran las que allí trabajaban solícitamente, fabricando harinas de cebada y de trigo, que son alimento de los hombres; pero todas descansaban ya, por haber molido su parte correspondiente de trigo, a excepción de una que aún no había terminado porque era muy débil. Esta, pues, paró la muela y dijo las siguientes palabras, que fueron una señal para su amo:


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