El hombre que rie
El hombre que rie Lord David maduraba. Cuarenta años son una hora que da. El no lo notaba, y realmente tenÃa siempre el aspecto de sus treinta años. Hallaba más divertido desear a Josiana que poseerla. PoseÃa otras; tenÃa mujeres. Por su parte, Josiana tenÃa sueños de amor. Los sueños eran peores.
La duquesa Josiana tenÃa esa especialidad, por otra parte menos rara de lo que se cree, de que tenÃa uno de sus ojos azul y otro negro. Sus pupilas estaban formadas de amor y de odio, de felicidad y de desventura. En su mirada estaban fundidos el dÃa y la noche.
Su ambición era esta: mostrarse capaz de lo imposible. Un dÃa le habÃa dicho a Swift:
—Vosotros os figuráis que existe vuestro desprecio.
Vosotros, es decir, el género humano.