El hombre que rie
El hombre que rie Sobre todo en invierno, era una excepción afortunada. Esas caletas de Portland tienen casi siempre obras de barra. El mar, en los tiempos tempestuosos, se mueve considerablemente en ellas, y se requiere mucha destreza y mucha práctica, para abordar allà con seguridad. Estos puertecitos más bien aparentes que reales, prestan un mal servicio. Es temible la entrada, y terrible la salida. Por un caso extraordinario, aquella tarde no ofrecÃa peligro alguno.
La urca de Vizcaya es un antiguo barco caÃdo en desuso. Aquella urca que prestó servicios hasta a la marina militar, era un casco sólido, barca por su dimensión, buque por su solidez. Figuraba en la Armada; la urca de guerra alcanzaba, realmente mucho tonelaje; asà la capitana Grifo, montada por Lope de Medina, desplazaba seiscientas cincuenta toneladas y llevaba cuarenta cañones; pero la urca mercante y contrabandista era de muy poca cabida. Las gentes de mar estimaban y consideraban mezquina esta embarcación.