Los Miserables - Parte 4
Los Miserables - Parte 4 - Llueve -dijo Joly-, no quiero resfriarme.
- Yo prefiero un almuerzo a un entierro.
- Entonces nos quedamos -concluyó Laigle.
Y continuaron con su almuerzo alegremente. Pasaron las horas y ya no quedaba nadie más en la taberna. Laigle, bastante borracho, estaba sentado en la ventana cuando súbitamente sintió un tumulto en la calle y gritos de ¡a las armas! y vio pasar a sus amigos encabezados por Enjolras y seguidos por un extraño grupo vociferante. Llamó a gritos a Courfeyrac. Courfeyrac lo vio y se le acercó.
- ¿A dónde van? -preguntó Laigle.
- A hacer una barricada.
- Háganla aquí, este lugar está perfecto.
- Es cierto, Laigle, tienes razón.
Y a una señal de Courfeyrac, el tropel se precipitó hacia Corinto.
A aquella famosa barricada de la Chanvrerie, sumergida hoy en una noche profunda, es a la que vamos a dar un poco de luz.
Corinto se componía de una sala baja donde estaba el mostrador, y otra sala en el segundo piso a la que se subía por una escalera de caracol que se abría al techo; en la sala baja había una trampa por donde se bajaba al sótano. La cocina dividía el entresuelo del mostrador.