Nuestra Señora de París

Nuestra Señora de París

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

«¡Afortunado barquero de vacas! —pensó Gringoire—. ¡Tú no sueñas con la gloria ni escribes epitalamios! ¡Qué te importan a ti los reyes que se casan y las duquesas de Borgoña! ¡Tú no conoces otras margaritas que las que tu hierba de abril ofrece como pasto a tus vacas! Y yo, poeta, soy abucheado, y tirito, y debo doce sueldos, y las suelas de mis zapatos son tan transparentes que podrían servir de cristales para tu farol. ¡Gracias, barquero de vacas! ¡Tu cabaña es un descanso para mi vista y me hace olvidar París!»

Fue despertado de su éxtasis casi lírico por un potente doble petardo de San Juan, que explotó de repente en la bendita cabaña. Era el barquero de vacas, que hacía su aportación a los festejos del día lanzando un cohete.

Aquel petardo le puso a Gringoire la piel de gallina.

—¡Maldita fiesta! —exclamó—. ¿Por todas partes vas a perseguirme? ¡Oh, Dios mío, hasta en la casa del barquero de vacas! —Miró después el Sena, a sus pies, y una terrible tentación lo asaltó—. ¡Oh, cuán gustoso me ahogaría si el agua no estuviera tan fría! —dijo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker