Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París La Grève tenía ya entonces ese aspecto siniestro que la idea execrable que suscita y el sombrío ayuntamiento de Dominique Bocador, que ha sustituido a la Casa de los Pilares, hacen que todavía hoy conserve. Preciso es decir que un patíbulo y una picota permanentes, una justicia y una escala, como decían entonces, erigidas una junto a otra en medio de la plaza, contribuían no poco a hacer apartar los ojos de ese lugar fatal donde tantos seres rebosantes de salud y de vida han agonizado, donde cincuenta años más tarde nacería la «fiebre de Saint-Vallier», esa enfermedad consistente en el terror del cadalso, la más monstruosa de todas las enfermedades porque no viene de Dios sino de los hombres.