Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Los demás espectadores murmuraban como él. «¡Al infierno la Sachette!», decía más de uno. Y la invisible vieja aguafiestas habría tenido motivos para arrepentirse de sus ataques contra la gitana, si en ese momento no los hubiera distraído la procesión del papa de los locos, que, tras haber recorrido no pocas calles y callejas, desembocó en la plaza de Grève con sus antorchas y su bullicio.
Esta procesión, que nuestros lectores vieron partir del palacio, se había organizado por el camino y había reclutado a todos los pícaros, ladrones ociosos y vagabundos disponibles que había en París, de manera que cuando llegó a la Grève presentaba un aspecto respetable.