Nuestra Señora de París
Nuestra Señora de París Cada una de las secciones de esta procesión grotesca tenía su música particular. Los egipcios hacían sonar sus balafones y sus tambores africanos. Los argoteros, raza muy poco musical, todavía estaban con la viola, el cuerno y la gótica rubeba del siglo XII. El imperio de Galilea no estaba mucho más avanzado; apenas se distinguía en su música algún miserable rabel de la infancia del arte, todavía aprisionado en el re-la-mi. Mas era en torno al papa de los locos donde se desplegaban, en una cacofonía magnífica, todas las riquezas musicales de la época. No sonaban más que notas agudas, sobreagudas e hiperagudas de rabel, sin contar las flautas y los metales. Recuerden nuestros lectores que era, ay, la orquesta de Gringoire.